Dislipemia

Control de colesterol y riesgo cardiovascular

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¿Qué es la dislipidemia?

La dislipemia consiste en presentar una concentración de partículas lipídicas elevada en sangre, lo que favorece la arterioesclerosis.

Los dos tipos principales de lípidos que pueden elevarse son el colesterol y los triglicéridos, dando lugar a la hipercolesterolemia e hipertrigliceridemia respectivamente.

Los pacientes con estas patologías tienen un mayor riesgo de sufrir infartos, ictus y otros tipos de enfermedad cardiovascular a largo plazo si no se mantienen bajo control médico.

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Diagnóstico y tratamiento

La herramienta diagnóstica principal en dislipemia va a ser el análisis de sangre. En la analítica podemos pedir un panel de lípidos básico (colesterol total, colesterol LDL, colesterol HDL y triglicéridos) o avanzado (aquí destaca sobre todo la determinación de Lipoproteína A, un marcador de riesgo independiente).

En cuanto al tratamiento, nos centraremos en calcular el riesgo cardiovascular individual del paciente. Según sea más o menos elevado seremos más o menos estrictos con el objetivo.

Igualmente, el manejo será diferente en casos de pacientes que ya han tenido un evento cardiovascular (Prevención secundaria) que en el caso de pacientes que no han tenido ningún evento (Prevención primaria).

En casos en los que no está claro si el tratamiento es necesario, existen pruebas de imagen que nos permiten valorar directamente el estado del árbol vascular del paciente, como el doppler de carótidas o el Calcio Score de arterias coronarias.

Tratamiento de la dislipemia

El objetivo en los pacientes con dislipemia es disminuir el nivel sanguíneo de partículas con capacidad de producir arterioesclerosis. Actualmente tenemos terapias capaces de disminuir la cantidad de colesterol LDL y triglicéridos, que son las partículas aterogénicas más importantes (aunque no las únicas). Estas terapias son:

1. Cambios de estilo de vida: Limitar la ingesta de alcohol, grasas saturadas e hidratos de carbono tiene un efecto beneficioso sobre el nivel de lípidos en sangre. Así mismo el consumo suficiente de fibra y la actividad física regular son igualmente beneficiosos.

2. Complementos alimenticios: La suplementación con monacolina K (presente en la levadura de arroz rojo) o con esteroles vegetales puede ayudar a disminuir los niveles de colesterol LDL entre un 10 y un 20%.

Por otro lado, la suplementación con ácidos grasos omega 3 puede disminuir el nivel de triglicéridos entre un 10 y un 30% dependiendo de la dosis, que nunca debe superar los 2 g/día si se toman sin supervisión médica.

3. Fármacos: Solo los fármacos han demostrado prevenir eventos cardiovasculares en estudios científicos, y normalmente son necesarios para llegar a conseguir las cifras de LDL que recomiendan las guías de práctica clínica.

En general cuentan con un excelente perfil de seguridad y balance riesgo-beneficio, sobre todo las estatinas y los inhibidores de PCSK9. Otros fármacos hipolipemiantes son el ezetimibe, el ácido bempedoico, el icosapento de etilo y los fibratos.